miércoles 27 de diciembre de 2006

Gobernar es responsabilidad de todos

Recordémosle al Estado que es él, el que depende de nosotros y no nosotros de él.

José Carlos Zamora

La participación en la política, en el gobierno, en la esfera pública es responsabilidad de todos los ciudadanos y no solamente de los politiqueros tradicionales. La responsabilidad de un ciudadano no se limita a votar cada cuatro años, pagar sus impuestos y dejar que aquellas personas a las que eligió manejen la cosa pública a su antojo.

La ciudadanía tiene obligaciones serias que van más allá de nuestra costumbre ancestral de quejarnos pasivamente cuando nos damos cuenta de los malos resultados, de los abusos y atropellos de la administración de turno. La concepción equivocada relativa a nuestras obligaciones como sociedad civil, sumada a nuestra actitud pasiva, conformista y sumisa frente a nuestros gobernantes han tenido como consecuencia que se tomen decisiones políticas en nuestro nombre que en lugar de velar por nuestros intereses y el bien común responden únicamente a los intereses personales o partidarios de nuestros gobernantes.

Es hora de cambiar nuestra cultura política y hacerle frente a las responsabilidades que tenemos como sociedad civil. Es el momento de reconocer que además de votar y pagar impuestos debemos participar activamente en la vida pública del país. Debemos desarrollar una conciencia política que nos permita, por un lado, reconocer el bien común y, por otro, a desarrollar múltiples estrategias, mecanismos y canales para influir en que nuestros gobernantes lo persigan con convicción y éxito.

Para influir con vigor en nuestros gobernantes debemos crear y participar en asociaciones civiles de distinta índole que le den más fuerza a nuestras voces. Debemos de investigar, estudiar y cuestionar las actuaciones del Estado. Debemos de manifestar pacíficamente cuando algo o alguien no nos parezca y expresar a través de los medios de prensa nuestra opinión, exigiendo cuentas y denunciando el abuso de poder, la corrupción o el mal manejo de los fondos públicos. Estas son solamente algunas de las cosas que nos corresponde hacer constantemente para limitar el poder público y fortalecer e institucionalizar una verdadera democracia participativa.

En el año que se aproxima organicémonos como sociedad civil y participemos activamente en el establecimiento de una democracia institucional. Asegurémonos que nuestros representantes velen por nuestros intereses y por el bien común. Unámonos todos para controlar y exigirle cuentas al gobierno y a nuestros funcionarios. Obliguémoslos a actuar con honestidad e invertir nuestros impuestos como corresponde. Retomemos el control de nuestro país y recordémosle al Estado que es él, el que depende de nosotros y no nosotros de él.

miércoles 20 de diciembre de 2006

“Es indispensable conocer oportunamente los planes de gobierno.”

Exijamos los planes concretos para perseguir al crimen organizado.

José Carlos Zamora

A nueve meses de las elecciones generales es urgente que los partidos políticos y sus candidatos elaboren y den a conocer las plataformas sobre las cuales lanzarán su candidatura.

La necesidad de preparar y hacer público un plan de gobierno es tan importante para los partidos políticos y sus candidatos como lo es el analizarlos para todos los que tenemos el derecho y la obligación de acudir a las urnas a emitir nuestro voto.

Un plan de gobierno es elemental para los partidos y sus presidenciables, ya que les permite planificar su estrategia política pre y post electoral y establecer las políticas públicas que desarrollarán para hacerle frente a los retos que enfrentarán de ser electos. Los planes deben ser basados en la realidad nacional y presentar respuestas específicas a las necesidades de nuestro país.
Al desarrollarlos deben tomar en cuenta que un plan de gobierno no es una campaña política y no se trata de ofrecer hasta lo imposible para ser electo, cayendo en la demagogia, para luego fracasar tratando de implementar planes inexistentes o improvisados que únicamente minan la credibilidad de nuestras instituciones.

Como ciudadanos debemos exigir que se nos presenten los planes de gobierno con el tiempo suficiente para que podamos estudiarlos, compararlos y discutirlos. Solo así podremos tomar decisiones educadas al emitir nuestro voto y no basadas en promesas superficiales y difíciles de cumplir. También debemos de preocuparnos por establecer quién es cada candidato y cuál es su postura frente a temas de relevancia nacional. Cuáles son sus antecedentes profesionales, de dónde provienen los fondos de su campaña y cuáles son los grupos de interés que apoyan su candidatura.

En los próximos nueve meses debemos exigir planes concretos que definan cómo se combatirá y perseguirá al crimen organizado. Cómo se erradicará la inmunidad y la impunidad de los cuerpos ilegales de seguridad y cómo se desarticularán los mismos. Cómo se mejorará el sistema judicial y la impartición de justicia. Cómo garantizarán la gobernabilidad. Cómo mejorarán el sistema educativo y de salud pública, la recaudación fiscal y el desarrollo económico.

Estos son algunos de los temas que deben responder categóricamente todos los partidos y candidatos antes de septiembre de 2007. De no hacerlo caerán nuevamente en la demagogia que tendrá como resultado el abstencionismo de gran parte de la población. Por otro lado la demagogia todavía tiene posibilidad de ganar el voto del electorado debido a la gran necesidad de la mayoría de tener esperanza y querer creer en promesas, pero de así hacerlo el gran perdedor sería nuestro país.

miércoles 13 de diciembre de 2006

El diputado uninominal

Urge establecer una relación vinculante entre los diputados y sus representados.

José Carlos Zamora

Recientemente el Congreso de la República invirtió Q6.7 millones en la instalación de un nuevo sistema digital que les permitirá a los diputados confirmar su asistencia, demostrar su presencia en las sesiones y votar a través de la tecnología del siglo XXI. El Presidente del Congreso calificó la instalación del nuevo control como el logro más importante durante sus dos años de gestión.

El funcionamiento del Congreso debe de sufrir reformas drásticas, de fondo, que permitan que el Legislativo cumpla mejor su papel. Estoy convencido que el Presidente del Congreso y los diputados todavía están a tiempo de alcanzar los logros más importantes de su gestión.

Dos reformas de fondo básicas para la modernización y el mejor funcionamiento del Congreso son la disminución del número de diputados y el cambio del sistema electoral actual de representación proporcional (sistema en el que se distribuyen los puestos en el Congreso en proporción a los votos obtenidos por cada planilla) a un sistema electoral de participación mayoritaria. Estas reformas no solo darían cumplimiento al compromiso adquirido en los Acuerdos de Paz sobre Fortalecimiento del Poder Civil y Función del Ejército en una Sociedad Democrática y sobre Reformas Constitucionales y Régimen Electoral, sino que también estarían diminuyendo el presupuesto del Congreso al reducir el número de diputados y al mismo tiempo, el cambio del sistema electoral estaría beneficiando a todos los representados, quienes aunque contaríamos con un número menor de diputados, tendríamos la capacidad para elegir directamente al candidato que mejor representa nuestros intereses y los de la comunidad donde vivimos.

El sistema electoral de participación mayoritaria nos beneficia como país y como ciudadanos creando un vínculo directo entre representantes y representados. Este sistema permite al electorado tener el poder de exigir cuentas y demandar que su representante actúe de acuerdo a las necesidades de la comunidad por la que fue electo y no con base en intereses partidarios o personales. Este es uno de los atributos principales de un sistema de participación directa, ya que si un diputado desea mantener su curul debe responder a los intereses de su comunidad, de aquellos que votaron por él y que tienen el poder para mantenerlo en el Congreso si es efectivo en presentar proyectos del ley, en cabildear, en crear alianzas estratégicas y promulgar legislación que beneficie directamente a sus representados. El cambio de sistema electoral les recordaría a los diputados algo que es aún más importante, son empleados de la patria y como tales o hacen bien su trabajo o serán despedidos por sus representados.

miércoles 6 de diciembre de 2006

Guatemala necesita políticas eficaces, más que dogmas

Una democracia electoral, antes que real.

José Carlos Zamora

Entre noviembre del año 2005 y el recién pasado 3 de diciembre hubo 12 elecciones presidenciales en la región latinoamericana. Los resultados electorales de Brasil, Perú, Chile, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Venezuela han modificado el mapa político de América Latina, dándole a la región una tendencia de izquierda.

Todos se preguntan cuál es la causa del florecimiento de estos movimientos socialistas y cuál será la forma de gobernar de las nuevas administraciones con tendencias de izquierda. En cuanto a la forma en que gobernarán las nuevas administraciones que han resultado de este efecto dominó de izquierda, no nos queda más que esperar y ver los resultados del desarrollo y la implementación de sus políticas públicas y esperar que las mismas respondan al mandato que les ha sido otorgado por el electorado y a las necesidades de sus pueblos.

En cuanto a la causa de esta tendencia, me atrevo a considerar que, aunque la región lleva en promedio ya más de dos décadas en transición democrática, hasta ahora únicamente ha logrado alcanzar una democracia electoral –hecho que sin duda alguna hay que aplaudir, pero que no ha logrado resolver los problemas enraizados en nuestra región, tales como la desigualdad, la pobreza, la corrupción, la falta de igualdad efectiva ante la ley, y la incapacidad de las instituciones para responder a las demandas sociales.

Al asistir a las urnas, el electorado de nuestra región no está votando por ideologías de izquierda, derecha o del centro. El electorado está votando desesperadamente por salir de la pobreza, por terminar con la desigualdad, por erradicar la corrupción, la impunidad, el proteccionismo, los privilegios y la delincuencia, así como por mejorar la calidad de la educación, de la salud y de la economía a través de una economía real de mercado –abierta y competitiva. La población está buscando exasperadamente una democracia ciudadana real en el ámbito político, económico, social y cultural dentro de un Estado de Derecho en el que exista transparencia y leyes claras que se apliquen a todos por igual.

A escasos diez meses de las elecciones presidenciales en Guatemala, estos son los problemas a los que los candidatos –sin importar su ideología– deberían dar respuestas categóricas. De otra manera, los chapines seguirán perdiendo sus convicciones democráticas.