La crisis hace difícil la existencia de instituciones con credibilidad.
José Carlos Zamora
Expertos en materia de banca y finanzas aseguran que el sistema bancario se encuentra mejor que hace unos meses y lo demuestran con hechos reales tales como un sistema bancario que opera normalmente, depósitos regulados de bancos suspendidos que son devueltos, un ritmo de crecimiento económico sin precedentes en la última década, inflación, tasas de interés y tipo de cambio bajo control. No se puede tapar el sol con un dedo y hay que admitir que los acontecimientos que se han venido dando desde la suspensión de las operaciones del Banco del Café, S.A., los insuficientes inventarios de billetes en diciembre, el inverosímil y cínico cierre de la carpa del Banco de Comercio, las perversas campañas negras contra bancos sin ningún problema, entre ellos G&T Continental, SCI y Del Quetzal, en su conjunto son una debacle y tienen consecuencias que van más allá del bienestar del sistema bancario, ya que socavan la credibilidad que los guatemaltecos tenemos en el sistema financiero y fundamentalmente en el Banco Central y la Superintendencia de Bancos.
Todos se preguntan quiénes son los culpables. El público que invirtió sus ahorros en instrumentos financieros riesgosos con un alto rendimiento como resultado de su voracidad; la Superintendencia de Bancos y Junta Monetaria (JM) que fallaron en investigar la situación de bancos dirigidos por delincuentes de cuello blanco; nuestra Ley de Bancos que evidentemente permite a los bancos arriesgar los ahorros de sus clientes sin obstáculos; la competencia desleal y las roscas o círculos de poder que a través de la siembra irresponsable de rumores y campañas negras busca desestabilizar a la competencia o a sus adversarios políticos; o bien el nerviosismo de todos los que tienen sus ahorros en algún banco del sistema y al escuchar rumores corren a retirarlo para guardar el efectivo bajo la seguridad de sus colchones.
La culpa es de todos, pero los más culpables son aquellos irresponsables que nos llevaron a esta situación debido a la falta de cumplimiento de sus funciones y de aquellos imprudentes que iniciaron campañas negras por diferentes motivos y finalidades siniestras sin medir las consecuencias de sus actos y reconocer que en Guatemala ese tipo de rumores podría hundirnos a todos.
Las consecuencias reales de este desastre las pagan los que perdieron sus ahorros y todos los guatemaltecos que a través de los impuestos financiamos el Fondo de Protección del Ahorro (Fopa) con el cual se le restituirá hasta Q20 mil a cada depositante que haya perdido fondos en las instituciones financieras que han sido suspendidas.
La crisis hace difícil la existencia de instituciones con credibilidad. Esto es grave, ya que las instituciones reales, creíbles, sólidas y fuertes son claves para la existencia de un orden democrático estable y de una economía en expansión. Restituir la credibilidad no será fácil, pero es urgente que el Estado actúe prontamente apoyando en el corto plazo la liquidez de la banca nacional, tomando las acciones indispensables para que jamás vuelva a presentarse falta de billetes en los bancos, fortaleciendo la capacidad de la Superintendencia de Bancos y la JM como entes supervisores; mejorando las deficiencias de la actual Ley de Bancos y de quiebras y persiguiendo penalmente a los responsables de actos financieros fraudulentos y de aquellos irresponsables que hayan dado inicio a las campañas negras que afectaron a bancos, cuentahabientes y a la liquidez del sistema. De no hacer esto no será dentro de mucho que Guatemala tendrá que declararse en bancarrota.

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